Caserío lagar vasco

 

Caserío lagar vasco

Durante los siglos XVI-XVII El País Vasco vivió unos años muy buenos en cuanto a industria y comercio. Esta época dorada en la cual la sidra era bebida habitual y había un gran consumo, no sería posible sin la sidra. Para saciar esta enorme necesidad se construyen los primeros caseríos vascos, gigantescos artefactos para producir sidra.

La historia de las sidrerías, está unida a la palabra "tolare" que forma parte esencial en el proceso de elaboración de la "sagardoa" (sidra).

En la edad de oro de los caseríos vascos (hacia el siglo XVI) la construcción de los mismos se comenzaba por el "tolare" o también conocido como "lagar". A partir de ahí se construían el resto de dependencias. Por ese motivo se les conoce como "caseríos lagares" o "tolare-baserriak" en euskera.

Un buen ejemplo de este tipo de construcción lo podemos encontrar en el caserío museo "Igartubeiti" de Ezkio – Itsaso. Se trata de un lagar muy significativo, ya que es el único que existe hoy en día con esas características (lagar de viga).

Es cierto que debemos gran parte de nuestra cultura a la sidra. Además de ser bebida habitual para la población, era la bebida de los marineros y "arrantzales" (pescadores) vascos que iban tras el bacalao y la ballena por todo el Atlántico Norte. Los contratos recogían explícitamente: para cada tripulante dos o tres litros de sidra al día. Gracias a la sidra, nuestros marineros no sufrían la tan temida enfermedad del escorbuto, lo que alimentó la fama de nuestros marineros. Esto posibilitó la exportación del afamado hierro vasco y la importancia de todo tipo de materiales. La época dorada que vivió Euskal Herria en los siglos XVI-XVII, una sociedad urbana, industrial y comercial envidiada en toda Europa, no sería posible sin la sidra.